viernes, 24 de febrero de 2017

EL HOMBRE QUE AMABA LAS PELICULAS



Los gustos de Andrés Caicedo tanto en materia de cine como de música fueron bien particulares. Tenía una especial inclinación por las pequeñas obras más que por las superproducciones. Afecto íntimo de la marginalidad, podía  cargarse “El Padrino” por considerarlo una película demasiado perfecta, producto de un director que retornaba al estilo abarcador de Samuel Golding (productor Dios a la vieja usanza).  Aprendió desde su infancia a desconfiar de las buenas maneras , de los profesores y de los directores tipo Francis Ford Coppola. Hay que aclarar que hace 50 años las fronteras entre el cine independiente norteamericano y las majors eran claras y definidas . Hoy , el llamado cine independiente es, salvo contadas excepciones, un apéndice de los estudios .

De ahí viene su amor por los teatros de barrio. Aunque  ese desclasamiento del que  hacen gala algunos de sus personajes hacía parte de su mundo simbólico mas  que de su vida cotidiana. No en vano al escribir su único texto teórico ( “La especificidad del cine”) realizaba una división bastante arbitraria colocando al público lumpen como el último escalón del cinéfilo.


En una carta  a su amigo Miguel Marìas escribió :  El sábado en el teatro un man le dio por gritar hijuepuuuuuuta tres veces, la primera vez la gente hasta se rió pero las otras ya no se las aguantó nadie, al final yo no sé quienes de arriba estaban buscándolo para cascarlo, tengo miedo de que el cine club termine con gente así medio lumpen..”

Hoy, nos acercamos a la figura de Andrés  en la distancia y si bien ya no somos los jovencitos que deliramos  leyendo “El Atravesado”, sabemos que, contra todo pronóstico, su obra continúa vigente. Lo leen. Lo devoran. Lo descubren en la red. 40 años de muerto y sigue joven, mientras nosotros intentamos descubrir en su obra una ciudad que se fue.

 Música que me conoces, música que me alientas, que me abanicas o me cobijas, el pacto está sellado, Yo soy tu difusión, la que abre las puertas e instala el paso, la que transmite por los valles la noticia de tu unión y tu normal alegría, la mensajera de los pies ligeros, la que no descansa,

la de la misión terrible, recógeme en tus brazos cuando me llegue la hora de las debilidades, escóndeme, encuéntrame refugio hasta que yo me recupere, tráeme ritmos nuevos para mi convalecencia, preséntame a la calle con fuerzas renovadas en una tarde de un collar de colores,

y que mis aires confundan y extravíen: yo luzco y difumino tus aires, para que pasen a ser esencia trágica de los que me conocen, de los que me ven y ya no me olvidan. Para lo muertos”.

Aquí la invitacion a la audición Salsa V.S Rock :
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